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San Juan Pablo II: maestro y apóstol de la Divina Misericordia

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San Juan Pablo II, maestro y apóstol de la Divina Misericordia, cumplió su misión desde el comienzo de su ministerio.

Cuando era sacerdote, Karol Wojtyla fue una gran ayuda para las almas, un confesor muy iluminado, verdadero médico de almas… pues vamos a la confesión para sanarnos y educarnos… ¡A cuántas almas habrá ayudado a cumplir la Voluntad de Dios en la tierra!… ¡A cuántas habrá enseñado a recibir las adecuadas ventajas de tan gran Sacramento! ¡A cuántas habrá enseñado y educado como a niños!… Maestro y Apóstol de la Divina Misericordia supo guiar sobre todo a las almas de los jóvenes como sacerdote experimentado. Era de ayuda para todos.

El representaba a Jesús y conocía seguramente muy bien las palabras que Jesús
mismo dirigió a santa Faustina Kowalska sobre este Sacramento, escritas en el Diario «La Divina Misericordia en mi alma»: «Cuando te acercas a la Confesión, debes
saber que yo mismo te espero en el confesonario, sólo que estoy oculto en el sacerdote, pero yo mismo actúo en tu alma. Aquí la miseria del alma se encuentra con Dios de la Misericordia (D 1602).

Solo Dios puede perdonar 

¡Oh sagrado misterio, cuántos tesoros en cierras en ti! ¡Gracias Señor por la santa Confesión! Exclamaba santa Faustina Kowalska… Dios es siempre el principal ofendido por el pecado y Dios solo puede perdonar… A cuántas almas habrá librado de sus miserias y agobiantes cargas que se habrán hundido en el océano insondable de la Divina Misericordia cuando descendía el perdón y la Misericordia Divina desde el Corazón Traspasado y Misericordiosísimo de Jesús hacia el hombre que humillado en medio de sus luchas y sufrimientos confesaba sus pecados y debilidades… ¡Oh paternidad del confesor santo que recibe esta gracia!

En su catequesis sacramental decía Karol Wojtyla, luego santo padre Juan Pablo II: «La
fórmula sacramental ‘Yo te absuelvo’, la imposición de las manos y la señal de la cruz
trazada sobre el penitente, manifiestan que en aquel momento el pecador contrito y arrepentido entra en contacto con la potencia de la Misericordia de Dios. Es un momento en el cual en respuesta al penitente la Trinidad se hace presente para cancelar su pecado y restituirle la inocencia y la fuerza salvífica de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús es comunicada al mismo penitente como «Mis
ericordia más fuerte que la culpa y la ofensa» como he debido definirla en la encíclica Dives in Misericordia, ¡Rico en Misericordia!

Contemplando aprendemos

¡Cómo no inclinarse, arrodillarse, ante este confesonario! Además tan bien colocado frente a la copiosísima en Misericordia, La Madre de la Misericordia, ¡la que acompañó a Jesús Misericordioso en Vilna!… Quien aprende a contemplar estos hechos, estas cosas, comprenderá cuánto en medio de nosotros ha manifestado Jesús Su Misericordia, dándonos este apóstol santo de la Divina Misericordia que nos ha ayudado a comprender la Doctrina de la Divina Misericordia, que Jesús mismo ha insertado en la historia de la salvación.

En su exhortación apostólica (Reconciliación y Penitencia) del 12 de diciembre de 1984 como fruto del Magisterio Pontificio afirmaba: «En el misterioso dinamismo de los Sacramentos tan rico de simbolismos y de contenidos, es posible actualizar un aspecto no siempre puesto a la luz de cada uno de ellos, más allá de su gracia propia, es también signo de penitencia y reconciliación y por lo tanto, en cada uno de ellos es posible revivir esta dimensión del espíritu.

¡Incomparable maestro espiritual! Apóstol en curación espiritual… Gracias, oh Señor, por la Confesión, por esta fuente de grandísima Misericordia que es inagotable. Por este manantial inconcebible de gracias en el cual blanquean las almas manchadas por el pecado… Exclamaba santa Faustina Kowalska… Y Juan Pablo II escribía en su encíclica Dives in Misericordia: «El amor es más fuerte que la muerte, más fuerte que el pecado. Y nos llevará a contemplar en la Absolución, la Cruz…

La cruz de Nuestro Señor, símbolo de la redención

La Cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrenal del hombre… La cruz es la inclinación más profunda de la divinidad hacia el hombre y todo lo que el hombre, de modo especial en los momentos difíciles y dolorosos, llama su infeliz destino. También nosotros debemos contemplar la Absolución, en la Absolución Sacramental es como si Jesús desprendería Su mano desde la Cruz para bendecirnos y perdonarnos. Tratemos de recibir en la Confesión de nuestros pecados la absolución, agradeciendo a Dios su perdón y también al sacerdote que lo representa con devoción y reverencia.

Aquí deseo destacar algo que me conmovió muchísimo, tanto en la Capilla de las hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, como así también en la basílica de la Divina Misericordia en Lagiewniki de Cracovia: en cada confesonario había una estola sacerdotal colocada en la puerta, de tal modo que al finalizar la confesión, el penitente que acaba de reconciliarse con Dios se inclina y la besa al retirarse… 

La Madre de la Misericordia y el confesor santo frente a frente, la milagrosa imagen de la
Madre de la Misericordia de Vilna y el confesor santo Karol Wojtyla, nos regalan un cúmulo de recuerdos al unir tantos hechos de la devoción a la Divina Misericordia, la devoción tan amada de Nuestro Señor.

Cuánto la habrá contemplado san Juan Pablo II mientras sanaba las almas ¡Y mientras acuñaba en sus dolidos corazones arrepentidos las palabras que aún resuenan en el mundo entero como un eco: «¡No tengáis miedo!” Mientras él sanaba a las almas. Ella seguramente lo habrá acompañado, convirtiéndose en ¡Regina Confessorum! Como la cantan las letanías otorgándole las gracias que sólo una Reina puede regalar.

María desde su milagrosa imagen tornasolada por el brillo de la plata y el oro, homenaje de sus hijos en Polonia, y que los años han amortizado, sin duda, se estremecería por sus hijos, los pobres pecadores a quienes refugiaría junto a los espacios más cercanos a Su Corazón Maternal.

María, siempre maternal

Al mismo tiempo cubriría con su Manto de Misericordia al sacerdote que estaba confesando el que ya había pasado muchas tribulaciones y que debía llegar a la cátedra de san Pedro… para enseñarnos más tarde que ¡Dios es rico en Misericordia! También para decirnos que María es la que conoce más a fondo, el Misterio de la Misericordia Divina… Que nadie ha experimentado como la Madre del Crucificado el Misterio de la Cruz. «El pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor; el beso dado por la Misericordia a la Justicia”.

Nadie como Ella, María, ha acogido de corazón ese Misterio. Son palabras de san
Juan Pablo II de su carta encíclica Dives in Misericordia, del capítulo dedicado a la Madre de la Misericordia; en el año 1980 tercer año de su Pontificado.

Gracias Apóstoles de la Divina Misericordia, gracias san Juan Pablo II, porque de Ti
hemos aprendido la Doctrina de la Divina Misericordia, ya próximos a Tu canonización nos
estremecemos hasta las lágrimas y te rogamos nos protejas.

¡Gracias por enseñarnos la belleza y la riqueza de la Divina Misericordia!

Amelia Bertolini
Miembro de la Academia de la Divina Misericordia
 

Habla al Mundo es un servicio de difusión de la Divina Misericordia que brinda espiritualidad, formación y capacita Apóstoles de la Divina Misericordia.

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