InicioQué es la Divina MisericordiaFaustina: "Jesús, tengo miedo de Ti"

Faustina: «Jesús, tengo miedo de Ti»

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¿Qué pruebas no experimentó durante su vida?

122- Cuando me descubrí ante las Superioras, una de ellas conoció mi alma y el camino por el cual Dios quería conducirme. Siguiendo sus indicaciones, empecé a avanzar rápidamente en el camino de la perfección. Sin embargo eso no duró mucho tiempo. Al descubrir mi alma más a fondo, no recibí lo que deseaba y a la Superiora estas gracias le parecieron inverosímiles, así que ya no pude obtener nada de ella. Me decía que no era posible que Dios conviviera tan íntimamente con una criatura.
Yo temo por usted, hermana, si acaso no sea alguna ilusión. Tomé consejo de un sacerdote. Pero el confesor no me entendió y dijo: Es mejor que usted, hermana, hable de estas cosas con las Superioras. Y así andaba de las Superioras al confesor, del confesor a las Superioras, pero sin encontrar la paz. Estas gracias de Dios empezaron a ser para mí un gran sufrimiento.
Más de una vez dije directamente al Señor: Jesús, tengo miedo de Ti, ¿no eres acaso algún fantasma? Jesús siempre me tranquilizaba, pero yo siempre desconfiaba.
Una cosa extraña, cuanto más yo desconfiaba, tanto Jesús me daba más pruebas de que Él era el autor de estas cosas.

1117- Hoy, durante la confesión revelé algo de mi alma, porque me vino la idea de que era precisamente una tentación lo de experimentar tan duros sufrimientos y tinieblas en los momentos de pedir el permiso de salir de la Congregación. El confesor me contestó que ése no era, quizá, el momento establecido por Dios. Hay que rezar y esperar pacientemente, pero si es verdad que la esperan grandes sufrimientos. Tendrá que soportar muchos de ellos y superar muchas dificultades, eso si es seguro; seria mejor esperar todavía un poco y rezar mucho por un conocimiento más profundo y la luz de Dios. Estas cosas son graves.

1715- Una fuerte tentación. Cuando el Señor me hizo saber cuánto le es agradable el corazón puro, conocí más profundamente mi propia miseria; y cuando comencé a prepararme a la confesión me asaltaron fuertes tentaciones contra los confesores. Yo no veía a Satanás, pero si lo sentía a él y su tremenda maldad. Si, es un hombre como los demás. No es como los demás, porque tiene el poder de Dios. Si, acusarse de los pecados no es difícil, pero descubrir los más escondidos secretos del corazón, rendir cuenta de la actuación de la gracia de Dios, hablar de cada deseo de Dios, de todo lo que pasa entre yo y Dios decir esto a un hombre, eso está por encima de las fuerzas. Y sentía que luchaba contra fuerzas poderosas y exclamé: Oh Cristo, Tú y el sacerdote son uno, me acercaré a la confesión como a Ti y no a un hombre. Al acercarme a la rejilla, descubrí primero mis dificultades. El sacerdote dijo que no había podido hacer mejor que revelar en primer lugar esas fuertes tentaciones. Y después de la confesión se dispersaron todas quién sabe dónde; mi alma disfruta de la paz.

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