InicioQué es la Divina MisericordiaConferencias del Encuentro Virtual Habla al Mundo 2020: "Misericordia Don y Respuesta"

Conferencias del Encuentro Virtual Habla al Mundo 2020: «Misericordia Don y Respuesta»

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Nos precede el infinito Amor de Dios que busca almas que
lo acojan y lo vivan, así como El se da. Primera parte.

Me gustaría explicar el lugar central de la Misericordia Divina en el “Mensaje de la Misericordia”. En segundo lugar, me gustaría mostrar que la Misericordia Divina es un Don y un Llamado. En tercer lugar, que “Ser misericordioso” es una Respuesta a la Misericordia Divina.

El corazón de esta espiritualidad

Entonces, ¿cuál es el lugar de la Misericordia Divina en el “Mensaje de la Misericordia”? Es el corazón del mismo. El error común de las personas es pensar que el Mensaje de la Divina Misericordia se trata sólo de la “Imagen de la Divina Misericordia” o de rezar la Coronilla o la Fiesta. No. Estos son secundarios. Son parte de la respuesta, una hermosa forma de respuesta a la Misericordia Divina.
La Misericordia Divina se refiere a Dios mismo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios que es Amor y Misericordia. El corazón del mensaje, el contenido del mensaje es este: Dios nos ama infinita, apasionada e intensamente pero también tiernamente; nos ama fiel y totalmente. El es el amor eterno. El siempre nos ama por completo.
Este mensaje hunde sus raíces en el Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). “Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos vida por medio de El. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados” (1 Jn 4, 8-11).

Dios revela su amor en el Hijo

Jesús, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, hace visible al Dios Trino Invisible, que es Amor y Misericordia. En Jesús, la Palabra hecha carne, la Misericordia hecha visible, vemos al Amor y a la Misericordia de Dios. En todas sus palabras y hechos y especialmente en su obra, vemos a la Misericordia en acción. ¿Y qué obra de Jesús es esa?. Su gran obra de salvarnos y redimirnos. ¿Cómo? A través de su Pasión, Muerte y Resurrección. Este es el misterio pascual de Jesús. Para la mayoría de la gente, la palabra “pascua” no dice nada. Pero simplemente “pascua” significa “paso”. Es Jesús pasando del sufrimiento a la muerte y de la muerte a la vida.
Este es el gran mensaje de la Misericordia: ¡El amor de Dios que se revela completamente, del modo más pleno en Jesús! En Jesús, que sufrió por nosotros, Dios asumió
nuestro sufrimiento, nuestros pecados, aunque El no tenía pecado. Para que no estemos solos en nuestro dolor. Para que seamos perdonados. En Jesús que murió por nosotros, Dios tomó nuestra muerte, nuestro lugar, ofreciendo así un sacrificio puro por nuestros pecados, lavándonos por completo, renovándonos desde dentro. En Jesús
resucitado, Dios es vencedor sobre el pecado, la muerte y sobre todos los poderes de las tinieblas, y comparte esta Victoria, Su Victoria, con nosotros. Y este Amor de Dios en Jesús se da gratuitamente. No hay que pagar para recibirlo. Es simplemente increíble. El nos ama incondicional, fielmente y con locura.
Este es el corazón mismo, el contenido mismo del mensaje de la Divina Misericordia que Dios quiere enviar nuevamente al mundo hoy. ¿Por qué? El sabe cuánto la necesitamos. Cuánto necesitamos conocer nuestra fe en Aquel que está presente en el mundo ahora mismo, como Salvador. Recordar la Cruz y la Resurrección de Jesús, su victoria sobre el pecado y la muerte, no es sumergirnos en el pasado. Este misterio está presente ahora en nuestro tiempo porque participa de la eternidad divina de Jesús, por eso trasciende el tiempo, haciéndose presente en todos ellos (CIC 1085).
Así que este amor de Dios presente en Jesús, en su obra salvadora y redentora, en su victoria sobre el pecado y la muerte, está presente también ahora en nuestro tiempo […]. Ahora piensa por un momento: ¡El amor de Dios que se revela de la manera más completa, más plena, en Jesús! Ese es el gran mensaje de la Misericordia que Dios está enviando nuevamente a través de Santa Faustina.

Un mensaje, ¿para quién?

Entonces, si se trata de un mensaje, ¿a quién debe enviarse? ¿A quién va dirigido? Está dirigido a todos nosotros, pero muy especialmente a los más atormentados, a los agobiados, a los que sufren, a los que han perdido toda esperanza, a los más asustados y a los más amenazados de perderlo todo: su salud, su familia, su sustento, su
país e incluso, quizás, su propia vida y libertad…
Ahora bien, si el mensaje está dirigido a alguien, entonces el Remitente, Dios (que es Amor y Misericordia) espera una respuesta. Y esa respuesta es: la Confianza. La confianza es la apertura de nuestro corazón a la Misericordia que Dios está donando.
El P. Ignacio Rozycki, que hizo un estudio teológico del Diario, dijo que la confianza es la esencia misma de la devoción a la Divina Misericordia; que sin confianza no habrá devoción tal como Jesús desea. Nosotros sabemos bien, gracias a las Escrituras (Stgo 2, 26), que: “La fe sin obras está muerta”. Lo mismo ocurre con la Confianza: esta respuesta a la Misericordia de Dios, esta apertura del corazón a la Misericordia de Dios, de alguna manera está muerta, no es auténtica, si no está acompañada por obras, por obras de misericordia.
Un ejemplo. Siempre asumimos, aún sin ver, que hay agua en la casa. Asumiendo esto abrimos el caño y sale agua. La presencia de la misericordia de Dios es como la presencia del agua. La Confianza es el hecho de abrir el caño, ciertos de que habrá agua. Y la misericordia con el prójimo es como el agua que sale del caño. Es por eso que Jesús dice: “Di, hija mía, que soy el Amor y la Misericordia misma. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas” (D-1074).

Respuesta a tanto Amor

Confiar en Dios y ser misericordiosos van juntos, son inseparables y forman la esencia de la verdadera respuesta a la Misericordia de Dios.
Esta respuesta a la Misericordia de Dios, la llamamos: “Devoción a la Divina Misericordia” o “Culto a la Divina Misericordia”. El verdadero culto de la Misericordia Divina es confiar en Dios y ser misericordiosos con el prójimo.
La Imagen de la Divina Misericordia, resume bien esto. Vemos al Señor Dios, en Jesús, Crucificado y Resucitado, con heridas en sus manos y pies, recordándonos la
Crucifixión. El está de pie, así que está Resucitado. Y los rayos que brotan de su corazón (que no se ve), nos recuerdan que fue traspasado, que, cuando estaba colgado
en la Cruz y ya había muerto, vino un soldado y le traspasó el costado. Entonces vemos esos dos rayos, recordándonos esa muerte.
En la Imagen de la Divina Misericordia está representado, por lo tanto, el Amor de Dios en Jesús, quien sufrió, murió y resucitó. Y, en la parte inferior, están las palabras: “Jesús, en Vos confío”.
Y tal vez alguno pregunte sobre la imagen: ¿Y dónde está la parte de ser misericordiosos con el prójimo? Jesús dijo: “A través de ésta imagen concederé muchas gracias
a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de mi Misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (D-742) Y ¿Cuáles son esas exigencias de su Misericordia? Jesús dijo a sor Faustina: “Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo
siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte ni justificarte.” (D-742)

Un recordatorio

La imagen debería ser un recordatorio de que también debemos ser misericordiosos. El mejor recordatorio de cómo nos vemos nosotros es un espejo. Los invito a mirar la Imagen de la Divina Misericordia como un espejo. Mirar la imagen debe ser como mirarnos en un espejo. Porque así estamos llamados a ser, así es como Jesús quiere que seamos: misericordiosos como Jesús es misericordioso.
¿Qué quiere decir con “sean misericordiosos como Jesús es misericordioso”? Esto es imposible, porque somos débiles. Y es verdad. Por nuestra cuenta no podemos ser misericordiosos. Somos débiles. Necesitamos a Dios que nos da su Amor y Misericordia para, de hecho, permitirnos ser misericordiosos. Sin El, no podemos ser misericordiosos como El. Para decirlo positivamente: podemos ser misericordiosos, porque primero se nos ha dado misericordia. Hay una frase en la tercera Plegaria Eucarística de la Misa –que me gusta mucho-, donde dice: “fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu”. Podemos ser misericordiosos, porque en Cristo se nos ha dado misericordia.
Sor Teresa de la Fuente, zmbm

Habla al Mundo es un proyecto de formación y difusión de la Divina Misericordia.

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Jesús en vos confío                                       

 

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