Evangelio
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y El les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con El y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?” Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. San Marcos 2,13-17
Ver video con reflexion del Evangelio Pbro. Germán Saksonoff co.
Reflexión del evangelio Pbro. Germán Saksonoff co.
Es significativo que san Marcos mencione: “se levantó y lo siguió”.
Podría haber dicho simplemente “lo siguió”. Pero nos deja una gran enseñanza: necesitamos levantarnos de nuestras realidades, pecaminosas y mundanas, o buenas pero
vividas mundanamente. No se trata de “salir de nuestra zona de confort”, eso vale para ateos o de otras religiones. Se trata de elevarnos de la chata vida cristiana, cómoda,
para elevarnos a la santidad, a la altura del profundo seguimiento de Cristo. Tu vida, ¿es un seguimiento de Cristo? ¿Eres ejemplo de Cristo para alguien?
Popósito del día
Ordenaré en mi casa todo lo que vea desordenado y limpiaré perfectamente los espacios que use.
Santos del día: Santa Roselina, mística
Pertenecía a una familia de la nobleza y se hizo monja cartuja a los 15 años, y fue
priora del monasterio de Celle-Roubaud, en la Provenza. Comparte con santa Rosa de Viterbo el milagro donde se convirtieran en rosas los panes que llevaba a un pobre, al ser
indagada por su padre, disgustado por su caridad. Murió en 1329.
Liturgia del día
San Antonio, abad. Blanco. Memoria obligatoria. Lecturas: 1 Sam 9, 1-6.10.17-19; 10, 1a / S.R. 20, 2-7
Reflexión para las tres de la tarde
Pilato deseando satisfacer a los judíos, y aplacar el odio, la furia y la ardiente sed de sangre que tenían, presenta a Jesús junto a Barrabás al pueblo, pero los judíos gritan: “¡No queremos libre a Jesús, sino a Barrabás!”
Victoria contra la impureza De la Vida de san Antonio abad, santo del día, escrita por san Atanasio de Alejandría
El demonio vio que era impotente ante la determinación
de Antonio, y que más bien era él que estaba
siendo vencido por la firmeza del hombre, derrotado
por su sólida fe y su constante oración. Puso
entonces toda su confianza en las armas que están
“en los músculos de su vientre” (Job 40, 16).
Jactándose de ellas, pues son su artimaña preferida
contra los jóvenes, atacó al joven molestándolo de
noche y hostigándolo de día, de tal modo que hasta
los que lo veían a Antonio podían darse cuenta de la
lucha que se libraba entre los dos. El enemigo quería
sugerirle pensamientos sucios, pero él los disipaba
con sus oraciones; trataba de incitarlo al placer,
pero Antonio, sintiendo vergüenza, ceñía su
cuerpo con su fe, con sus oraciones y su ayuno. El
perverso demonio entonces se atrevió a disfrazarse
de mujer y hacerse pasar por ella en todas sus formas
posibles durante la noche, sólo para engañar a
Antonio. Pero él llenó sus pensamientos de Cristo,
reflexionó sobre la nobleza del alma creada por El,
y sobre la espiritualidad, y así apagó el carbón ardiente
de la tentación. Y cuando de nuevo el enemigo
le sugirió el encanto seductor del placer, Antonio,
enfadado, con razón, y apesadumbrado, mantuvo
sus propósitos con la amenaza del fuego y del
tormento de los gusanos (Js 16, 21; Sir 7, 19; Is 66,
24; Mc 9, 48). Sosteniendo esto en alto como escudo,
pasó a través de todo sin ser doblegado.
Toda esa experiencia hizo avergonzarse al enemigo.
En verdad, él, que había pensado ser como
Dios, hizo el loco ante la resistencia de un hombre.
El, que en su engreimiento desdeñaba carne y sangre,
fue ahora derrotado por un hombre de carne en
su carne. Verdaderamente el Señor trabajaba con
este hombre, El que por nosotros tomó carne y dio a
su cuerpo la victoria sobre el demonio. Así, todos
los que combaten seriamente pueden decir: “No yo,
sino la gracia de Dios conmigo” (1 Cor 15, 10).
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