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Evangelio de hoy y la Divina Misericordia: 2 de Febrero de 2026

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Evangelio

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al Niño para cumplir con El las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”. Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de El. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este Niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”. Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El Niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con El. San Lucas 2, 22-40

Ver video con reflexion del Evangelio Pbro. Germán Saksonoff co.

Reflexión del evangelio Pbro. lic. Mauro Carlorosi, co.

El Niño Dios cumple con la ley de Moisés. Jesús es llevado al templo donde es presentado, puesto en manos del Padre. Dios mismo se sometió humildemente a su propia ley, y, muchas veces nosotros, por soberbia o pereza, no queremos ni ir a Misa los domingos. Incluso los propios padres no alientan ni conquistan a sus hijos para Dios. María
y José emprendieron un duro viaje para ir a Jerusalén con el Niño pequeño, para cumplir la voluntad de Dios. Y nosotros a los niños no queremos enseñarles las maravillas del amor de Dios que están por detrás de todo esfuerzo por cumplir nuestro precepto dominical.

Popósito del día

Asistiré a la santa Misa por los consagrados. Si no puedo, rezaré por lo menos un misterio del santo Rosario por ellos.

Santos del día: Fiesta de la Presentación del Señor
Llamada también “La Candelaria”, esta fiesta conmemora el hecho de que, cuando llegó el tiempo de la purificaciónmde María, a los 40 días del parto, llevaron a Jesús al templo de Jerusalén para presentarlo al Señor y cumplir con la Ley. Allí el anciano Simeón anunció a María su participación en la Pasión de su Hijo.

Liturgia del día

Presentación del Señor. Fiesta. Blanco. Lecturas: Mal 3, 1-4 / S.R. 23, 7-10 / Heb 2, 14-18

Reflexión para las tres de la tarde .

Pilatos salió hacia afuera para hablar con los judíos. Jesús conservaba la calma en medio de la exaltación y la prisa de los sacerdotes que pedían su muerte. Todos lo insultaban y le anunciaban que iba a morir crucificado.

Más luminoso que el sol Himno a la Presentación del Señor

De una Virgen hermosa celos tiene el sol, porque vio en sus brazos otro Sol mayor.
Cuando del oriente salió el sol dorado, y otro Sol helado miró tan ardiente,
quitó de la frente la corona bella, y a los pies de la Estrella su lumbre adoró, porque vio en sus brazos otro Sol mayor.
“Hermosa María -dice el sol, vencido-, de vos ha nacido el Sol que podía dar al mundo el Día que ha deseado”.
Esto dijo, humillado, a María el sol, porque vio en sus brazos otro Sol mayor.
Al Padre y al Hijo gloria y bendición, y al Espíritu Santo por los siglos honor.
Amén.

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