Evangelio
Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. El les dijo: “Soy Yo, no teman”. Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban. San Juan 6, 16-21
Ver video con reflexion del Evangelio Pbro. Germán Saksonoff co.
Reflexión del evangelio Pbro. Germán Saksonoff, co.
Jesús los tranquiliza al decirles “Soy Yo”, no al calmar el mar. Por un lado, les dice “no soy un fantasma”, pero eso no bastaría si ese “Soy Yo” no fuera “Soy Dios, Señor de la creación, el que multiplica el pan, el que resucita muertos, el que camina sobre el agua…”.
Nosotros apoyamos nuestra fe en su Autoridad Divina, no en sus obras (la diferencia
es muy delicada). De lo contrario, le podríamos decir “¿por qué no haces ahora el milagro que necesito?” El es Dios, y descansamos en El sea sobre el agua como sobre la Cruz.
Popósito del día
Rezar el Regina Caeli las tres veces del día: mañana, mediodía y tarde.
Santos del día: Beato Idesbaldo, abad
Vivió en Brujas, en Flandes, y después de perder a su esposa, sirvió durante treinta años en la corte de los condes de Flandes y, ya maduro, ingresó en el monasterio de Dune, del cual llegó a ser su tercer abad, por doce años. Murió en 1167.
Liturgia del día
Bienaventurada Virgen María del Valle. Memoria obligatoria. Blanco. Lecturas: Hech 6, 1-7 / S.R. 32, 1-2.4-5.18-19
Reflexión para las tres de la tarde.
Estando Jesús en casa de Anás, es interrogado a cerca de su doctrina, pero El responde haber hablado en público y que preguntase a los que le habían oído, no a El. Entonces un hombre le abofeteó duramente por su respuesta.
Vivamos la Pascua Himno a la Resurrección
¿Es este tu Cuerpo, Cristo resucitado, que yacía en la muerte, pálido y desgarrado?
¡Oh, cristianos, vengan, jóvenes y viejos, a ver al Señor en la mañana de Pascua!
Desde ahora y por toda la eternidad este Cuerpo brilla con un resplandor radiante,
más espléndido que el sol del mediodía:
así permanecerá por siempre.
Tu gloria, Cristo, no la puedo soportar, es demasiado grande para ojos como los míos;
nadie en la tierra puede vivir y ver el esplendor del divino Señor.
Aleluya, aleluya.
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