InicioQué es la Divina Misericordia"Faustina: Un consejo de la Madre de Dios"

«Faustina: Un consejo de la Madre de Dios»

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La misma Virgen le enseñó cómo debía prepararse para la Navidad.

785- La Santísima Virgen me ha enseñado cómo debo prepararme para la fiesta de la Natividad del Señor. La he visto hoy sin el Niño Jesús; me ha dicho: “Hija mía, procura ser mansa y humilde para que Jesús que vive continuamente en tu corazón pueda descansar. Adóralo en tu corazón, no salgas de tu interior. Te obtendré, hija mía, la gracia de este tipo de la vida interior, que, sin abandonar tu interior, cumplas por fuera todos tus deberes con mayor aplicación. Permanece continuamente con El en tu corazón. El será tu fuerza.
Mantén el contacto con las criaturas si la necesidad y los deberes lo exigen. Eres una morada agradable a Dios viviente, en la que El permanece continuamente con amor y complacencia, y la presencia viva de Dios que sientes de modo más vivo y evidente, te confirmará, hija mía, en lo que he dicho. Trata de comportarte así hasta el día de la Navidad, y después El mismo te dará a conocer cómo deberás tratar con El y unirte a El”.

786- Hoy, durante las vísperas un dolor ha traspasado mi alma, veo que esta obra supera mis fuerzas en cada aspecto. Soy una niña pequeña frente a la inmensidad de esta obra y solo por una orden clara de Dios procedo a cumplirla; y por otra parte también estas grandes gracias se han hecho una carga para mí y apenas la puedo llevar. Veo la incredulidad de las superioras y las dudas de todo tipo y en consecuencia el comportamiento desconfiado hacia mí. Oh Jesús mío, veo que también las gracias tan grandes pueden ser un sufrimiento, y verdaderamente es así; no sólo puede haber sufrimientos por este motivo, sino que tienen que existir como una característica de la actuación de Dios. Entiendo bien que si Dios mismo no reforzara al alma en estas distintas pruebas, el alma por sí misma no lograría nada, pues Dios mismo es su escudo. Durante las vísperas, mientras continuaba contemplando esta especie de mezcla del sufrimiento y de la gracia, oí la voz de la Santísima Virgen: “Has de saber, hija mía, que a pesar de ser elevada a la dignidad de Madre de Dios, siete espadas dolorosas me han traspasado el corazón. No hagas nada en tu defensa, soporta todo con humildad, Dios mismo te defenderá”.

792- Nunca hablar de mis propias vivencias. En el sufrimiento buscar alivio en la oración, en las dudas más pequeñas buscar solamente el consejo del confesor. Tener el corazón siempre abierto para recibir los sufrimientos de los demás y mis sufrimientos hundirlos en el Corazón de Dios para que no se noten por fuera, si es posible.
Tratar de mantener siempre el equilibrio aunque las circunstancias sean extremadamente tormentosas. No permitir turbar mi paz y mi silencio interior. Ninguna cosa puede compararse con la paz del corazón. Si me reprochan algo injustamente, no justificarme; si la superiora quiere conocer la verdad sobre si tengo o no tengo razón, lo sabrá no necesariamente de mí. Yo debo aceptar todo con una actitud interior de humildad.
Viviré este Adviento según las indicaciones de la Santísima Virgen: mansa y humildemente.

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