InicioQué es la Divina Misericordia"El Hijo, rostro del Padre Misericordioso"

«El Hijo, rostro del Padre Misericordioso»

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El corazón del Evangelio, del amor de Jesucristo, es mostrarnos al Padre, glorificarlo, y que lo amemos. Catequesis bíblica del p. Krzysztof Wons, sds. Primera parte.

“‘No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en Mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy Yo estéis también vosotros. Y adonde Yo voy, ya sabéis el camino’. Tomás le dice: ‘Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’. Jesús le responde: ‘Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí. Si me conocierais a Mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto’. Felipe le dice: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Jesús le replica: ‘Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a Mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que Yo estoy en el Padre, y el Padre en Mí? Lo que Yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en Mí, El mismo hace las obras. Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en Mí, también él hará las obras que Yo hago, y aun mayores, porque Yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, Yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, Yo lo haré’.” (Jn 14, 1-14)

Los invito ahora a adentrarnos en el corazón del Evangelio; el centro del mensaje de Jesús, el centro de la Misericordia Divina. Este centro es el Padre. En su mensaje, su predicación, en su oración, en todo su mensaje está siempre el Padre. Es para El la persona más querida, la más importante, y por tanto su palabra más importante y con más amor. Todo su Evangelio es mostrar al Padre, para esto vino a nosotros, para ponernos en contacto con el Padre. Si uno lee profundamente las Escrituras siempre descubre la referencia constante de Jesús al Padre. Para esto vino Jesús a la tierra, para darnos al Padre.
Cuando nos enseña a rezar la primera palabra que nos enseña es “Padre”. Es la palabra más importante de su Corazón, y es la que comparte con nosotros. Cuando enseña la Coronilla de la Divina Misericordia, en Vilna, a Santa Faustina, esta oración inicia también con la palabra Padre. ‘Padre’, ‘Padre Eterno…’, así inicia la Coronilla.
Revelar a su Padre, este es el centro del Evangelio. Jesús, durante toda su predicación quiere que encontremos al Padre misericordioso. El rostro del Padre misericordioso que vemos en el rostro del Hijo es la revelación más importante. Jesús viene a la tierra a revelarnos a su Padre.
Escuchemos cómo reza Faustina al Padre: “Con la confianza del niño me arrojo entre tus brazos, Padre de Misericordia, para compensarte de la desconfianza de tantas almas que tienen miedo de confiar en Ti. Oh, qué pequeño es el número de almas que Te conocen verdaderamente. […] La Misericordia es la corona de tus obras; Tú dispones todo con el cariño de la madre más tierna” (D-505).

Testamento de despedida

Veamos ahora propiamente este precioso texto del capítulo 14 del Evangelio de san Juan. Me gustaría que nos concentremos en el Padre.
Las palabras de Jesús en el Cenáculo son su discurso de despedida, es su testamento, es lo que nos deja. En el testamento nosotros decimos lo más importante, lo más sagrado e importante. Desde el principio de este testamento Jesús les hablará a sus discípulos de su Padre: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”, “El que me ha visto, ha visto al Padre”. Los discípulos hasta entonces estaban con miedo y turbados, estaban afligidos por la tristeza, porque Jesús les acababa de decir que ellos no podrían ir a donde El iba, que El los dejaba. Pedro incluso decía que quería dar su vida por El: “¿Tú vas a dar la vida por mí? me rechazarás tres veces”. Este es el contexto de este discurso. Por eso están temerosos y afligidos. El les dice “A donde Yo voy no pueden ir, irán más adelante”. Por eso los discípulos se sienten como huérfanos en esta escena del Cenáculo. Allí Jesús, que conoce lo que les pasa, está emocionado por las preguntas de sus discípulos y quiere darles a conocer la verdad más profunda, la verdad que es la cumbre hasta donde los quería llevar desde que comenzaron a seguirlo. Hagamos un esfuerzo por sentirnos allí en el Cenáculo. Escuchemos cómo Jesús les habló de su Padre. Dejémonos envolver por este testamento del Cenáculo. Porque hablándoles a sus discípulos nos habla a nosotros.
Dejemos que nos hable del Padre, como lo hizo Faustina.

Inquietudes del hombre de hoy

Las dudas, cuestionamientos, preguntas de Tomás y Felipe (“¿Cómo vamos a conocer el camino?” y “muéstranos al Padre”), son nuestras dudas, nuestros cuestionamientos, nuestras preguntas.
Cuántos tomases tenemos hoy que afirman una duda existencial: “¿cómo vamos a saber el camino?” Tenemos tantos GPS, tanta tecnología, mapas digitalizados del mundo, estamos sumergidos en una aldea global. Sin embargo hay cada vez más personas perdidas que son como niños huérfanos. Cuántas preguntas tenemos nosotros hoy en día que refleja la pérdida del camino.
Cuántos Felipe tenemos hoy que dicen “muéstranos al Padre…”, cuántas personas en este mundo carecen del Padre. Con insolencia y dolor hoy nosotros reclamamos “muéstranos al Padre”.
Estas preguntas revelan el dolor del contexto en que estaban los discípulos en el Cenáculo. Estas preguntas revelan la sensación actual de orfandad y pérdida en este mundo, donde muchas veces no sabemos a dónde ir, qué camino tomar…
Hay una palabra que revela el estado del hombre de hoy y que se ve en este contexto bíblico: Confusión. En todas las Misas pedimos al Señor que nos libre de toda confusión: “Líbranos de todos los males”.

Aprendamos a desear su rostro

Escuchemos estas palabras sagradas como niños. Roguemos al Espíritu Santo bajo cuya inspiración escribió san Juan el Evangelio. Pidamos que nos enseñe el camino que nos quiere enseñar Jesús por medio de estas palabras. Porque este es el camino que nos lleva al Padre. Que esta oración, esta súplica “Muéstranos al Padre” permanezca siempre en nosotros. Que sea la oración más importante de nuestras vidas. Creo que esta súplica alegra el corazón de Jesús: “Señor, muéstranos al Padre…” Porque El quiere llevarnos al Padre. Todo lo que dirá Jesús a partir de aquí está tejido de las confesiones de Jesús como Hijo del Padre.

Sólo por medio de El

Y todo lo que dice aquí está lleno de movimiento: me voy, prepararé, volveré y los llevaré… Yo soy el camino, etc. Todo este movimiento, toda esta preocupación de Jesús tiene que ver con el Padre. Porque el deseo más importante de Jesús es llevar a los hijos al Padre y solo El puede hacerlo, porque “nadie va al Padre sino por El”. Nadie puede acercarse al Padre de otra manera sino por El, a través de El.
Y atendamos: no es solo ir al Padre, sino ir al Padre por medio de El, no solo creer en el Padre sino creer en El. Al mismo tiempo que pide creer en su Padre insiste en la profesión de fe en El, que creamos a Jesús y creamos en Jesús. En todo el Evangelio de san Juan se señala lo fundamental de que Jesús es el camino para ir al Padre. Si Jesús sufre en este mundo (santa Faustina describe que para Cristo no había peor sufrimiento que el rechazo de El como camino, que es misericordia; que le duele mucho la incredulidad del hombre, su falta de fe en que El es el camino al Padre) es sobre todo cuando no se lo considera como el único intercesor ante el Padre, como el camino verdadero al Padre.
Esto es también una pregunta para mí. Debo preguntarme a mí mismo muy sinceramente si para mi Jesús es en verdad mi camino al Padre. Puedo estar siguiendo otros caminos que no me llevarán al encuentro con el Padre vivo.

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Jesús, en Vos confío

 

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