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«Pequeño Catecismo sobre la Penitencia. (Primera parte)»

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SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

Las indulgencias

98 – Las indulgencias están ligadas al Sacramento de la Penitencia, ¿por qué?
“La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia -afirma el Catecismo de la Iglesia Católica- están estrechamente ligadas a los efectos del Sacramento de la Penitencia” (nº 1471).

99 – ¿Qué es la indulgencia?
La indulgencia es la remisión ante Dios de las “penas temporales” que son “consecuencia” de nuestros pecados. La Iglesia es administradora de la Redención y, como concede el perdón de los pecados, así concede las indulgencias en determinadas
condiciones. A tal fin utiliza a nuestro beneficio, el , “tesoro de la Iglesia” que es la satisfacción infinita, obtenida por los méritos de Jesucristo, de la Virgen María y de todos los santos. La indulgencia puede ser “plenaria” (es decir total) o “parcial”, según se libere en todo o en parte de la pena temporal; y puede ser aplicada a los vivos como a los difuntos.

100 – ¿Qué se debe hacer para obtener la indulgencia?
La Iglesia relaciona la indulgencia a la realización de ciertas obras de penitencia (como la oración, el ayuno y la limosna), pero lo principal que nunca puede faltarnos es la conversión del corazón.

101 – ¿Cuáles son las obras con las cuales se obtienen las indulgencias?
Son todas la obras indicadas en el “Indulgenciario”.

Para facilitarles, recordamos que para obtener la indulgencia plenaria son suficiente las siguientes obras de fácil realización:
a) Media hora de adoración del Santísimo Sacramento;
b) Media hora de lectura devota de las Sagradas Escrituras;
c) El rezo del Santo Rosario en la Iglesia, en familia o en grupo;
d) El Vía Crucis.

Para obtener la indulgencia parcial recordamos las siguientes obras:
a) Si en el cumplimiento de las propias obligaciones, y en el soportar las adversidades de la vida, se eleva el alma con humilde oración a Dios, añadiendo aunque sólo sea mentalmente, una piadosa invocación;
b) Si con espíritu de fe y con ánimo misericordioso uno se pone a sí mismo, o a sus bienes, al servicio de los hermanos que se encuentran en dificultad;
c) Si, con espíritu de penitencia, uno se priva espontáneamente y con sacrificio de cualquier cosa incluso lícita;
d) Si en particulares circunstancias de la vida cotidiana se da espontáneamente claro testimonio de la propia fe delante de otros, aunque simplemente haciendo bien, en público, el signo de la Cruz.

102 – ¿Cuáles son las condiciones que la Iglesia exige para conceder las indulgencias?
Para obtener la indulgencia plenaria es necesario estar en gracia de Dios y tener la intención de adquirir la indulgencia; luego se requiere la Confesión dentro de los ocho días anteriores o posteriores al cumplimiento de la obra; la santa Comunión el mismo día (solo si estamos en gracia); el alejamiento total del pecado, también del venial (esta es la condición más difícil). Además se requiere una oración por las intenciones del Papa (por ejemplo un Padrenuestro y un Avemaría, o bien otra oración equivalente).

Es oportuno recordar que la indulgencia plenaria puede ser adquirida una sola vez al día.
Para la indulgencia parcial es necesario estar en gracia de Dios y tener la intención de adquirir la indulgencia.

103 – ¿Qué sucede si uno está en gracia de Dios, pero no tiene alguna de las otras condiciones necesarias para adquirir las indulgencias plenarias?
Sucede que en lugar de adquirir la indulgencia plenaria obtiene una indulgencia parcial.

104 – Habíamos dicho que las indulgencias se pueden aplicar también a los difuntos. ¿Qué significa?
Significa que podemos adquirir la indulgencia también para ellos, así como podemos rogar por ellos.
Las indulgencias y las oraciones a favor de las almas de los difuntos son una gran ayuda para todos nuestros hermanos que han muerto en gracia de Dios, pero que están en el Purgatorio (que es justamente el lugar de la “purificación”, porque tales almas tienen penas temporales para expiar debido a sus pecados, que de todos modos ya han sido perdonados).
Las indulgencias y las oraciones que ofrecemos por nuestros difuntos son un acto de caridad que nos une a ellos y manifiesta que todos somos hijos del mismo Padre, pertenecientes a una sola Iglesia, en camino hacia una sola casa, el Paraíso.

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