InicioQué es la Divina MisericordiaFaustina: "Bondad de Dios"

Faustina: «Bondad de Dios»

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Son pocas las almas que la descubren.

319- La adoración nocturna del jueves. Hice la adoración desde las once hasta las doce. Hice esta adoración por la conversión de los pecadores empedernidos y especialmente por los que perdieron la esperanza en la Divina Misericordia. Meditaba sobre lo mucho que Dios sufrió y lo grande que es el amor que nos mostró, y nosotros no creemos que Dios nos ama tanto. Oh Jesús, ¿quién lo comprenderá? ¡Qué dolor para nuestro Salvador! Y, ¿cómo puede convencernos de su amor si su muerte no llega a convencernos? Invité a todo el Cielo a que se uniera a mí para compensar al Señor la ingratitud de ciertas almas.

361- Oh Santa Trinidad, Único Dios, inconcebible en la grandeza de la misericordia hacia las criaturas y especialmente hacia los pobres pecadores. Has revelado el abismo de Tu misericordia inconcebible, impenetrable para toda mente humana o angélica. Nuestra nulidad y nuestra miseria se hunden en Tu grandeza. Oh Bondad infinita, ¿Quién puede adorarte dignamente? ¿Hay algún alma que entienda tu amor? Oh Jesús, tales almas existen, pero son pocas.

383- Al comienzo de los ejercicios espirituales vi al Señor Jesús clavado en la cruz en el techo de la capilla, mirando con gran amor a las hermanas, pero no a todas, había tres hermanas a las cuales dirigió una mirada severa. No sé, no sé porque razón, sé solamente que es una cosa terrible ver tal mirada que es una mirada del Juez severo. Aquella mirada no me correspondía, sin embargo me paralizo el miedo; cuando lo escribo, tiemblo toda. No me atreví a decir a Jesús ni una sola palabra, las fuerzas físicas me abandonaron y pensé que no resistiría hasta el fin de la predica. Al día siguiente volví a ver lo mismo que la primera vez y me atreví a decir estas palabras: Oh Jesús, que grande es Tu misericordia. Al tercer día se repitió otra vez la misma mirada sobre todas las hermanas con gran benevolencia, excepto esas tres hermanas. Entonces, me llene de atrevimiento que venía del amor hacia el prójimo y dije al Señor: Tú eres la Misericordia misma, como Tú mismo me has dicho, pues Te ruego por el poder de tu misericordia, vuelve tu mirada bondadosa también a esas tres hermanas y si esto no es según tu Sabiduría, Te ruego hacer un cambio: que tu mirada bondadosa hacia mi alma sea para ellas y que tu mirada severa hacia sus almas sea para mí. De súbito Jesús me dijo estas palabras: Hija mía, por tu amor sincero y generoso les concedo muchas gracias, aunque ellas no Me las piden, sino por la promesa que te he hecho.
Y en aquel momento envolvió también a esas tres hermanas con una mirada misericordiosa.
De gran gozo palpitó mi corazón al ver la bondad de Dios.

379- Durante una adoración Jesús me prometió: Con las almas que recurran a mi Misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen mi gran Misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según mi infinita Misericordia.
Mi Corazón sufre, continuaba Jesús, a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es mi Misericordia; en su relación conmigo en cierto modo hay desconfianza.
Oh, cuánto esto hiere mi Corazón. Recordad mi Pasión, y si no creéis en mis palabras, creed al menos en mis llagas.

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Jesús, en Vos confío

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